¡SOS! ¡No puedo relajarme!

A menudo pensamos que relajarse es algo complicado y que requiere mucha práctica y mucha técnica. En realidad el cuerpo es muy sabio, y sin las interferencias de la mente, sabe relajarse solo. En este artículo vamos a tratar de resolver las principales dificultades que surgen cuando iniciamos la práctica de la relajación. ¡Que usted se relaje bien!

Carmen Berruete.
Terapeuta y formadora en técnicas de crecimiento personal.

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“No me concentro. La cabeza se me va a mis problemas o a cualquier cosa.”

Esto es normal, lo llamamos “la mente del mono”. Ocurre porque en nuestra cultura nos identificamos más con nuestra mente que con el cuerpo. A nuestros pensamientos les damos mucho poder y olvidamos que el cuerpo también tiene mucho que decir. Cuando queremos apartar la mente para poner nuestra atención en el cuerpo, se pone “nerviosa” y protesta como una niña caprichosa, armando barullo para llamar nuestra atención.

Cómo tratarlo:

Podemos ver esos pensamientos “intrusos” como si fueran anuncios de televisión. Si estás viendo una película y aparecen los anuncios, no te quedas enganchado con su trama, simplemente los dejas pasar. Cuando vayamos a relajarnos y aparezcan los “anuncios” podemos decir: ¡Anda, que cosa tan curiosa estoy pensando! y suavemente llevamos la atención al cuerpo. Puedo usar una palabra clave para volver al ejercicio, como “calma”, “relájate” o “voy a seguir un poco”.

“Cuando cierro los ojos y empiezo a relajarme, me entra angustia, incluso me da taquicardia.”

Bueno, pues también es normal. Es el “síndrome de trinchera”. A menudo vivimos hipervigilantes, como el soldado en la trinchera, atentos a cualquier catástrofe que pueda ocurrir. De pequeños, nuestros padres y cuidadores, para que nos adaptemos lo mejor posible al mundo y para que no pongamos nuestra vida en peligro, se pasan unos cuantos años dándonos instrucciones sobre los peligros del exterior: ¡Cuidado con los coches! ¡Cuidado con los extraños! ¡Cuidado con los caramelos que se te van cae los dientes!

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Además, como dependemos de estos adultos, aprendemos a observarlos para captar su estado de ánimo y así saber como comportarnos. Aprendemos a estar atentos al exterior, para no meternos en problemas. Así que, de adultos, cuando vamos a relajarnos, la mente se inquieta porque relajarse es abandonarse, y hace lo posible para que estemos alerta: ¡Cuidado! Si bajas la guardia puede ocurrir algo peligroso… Y empieza la taquicardia.

Cómo tratarlo:

Abre los ojos y pon conciencia de la realidad: “En este momento estoy en casa, sentado. En este momento, nadie esta a punto de abalanzarse sobre mí para destruirme; puedo seguir el ejercicio”. Si insistes con el ejercicio, poco a poco, la mente se da cuenta de que estamos en un lugar seguro y de que merecemos un descanso, y permite que el cuerpo se relaje.

“No puedo estar inmóvil mucho tiempo.”

Solemos asociar estar relajados con estar inmóviles y eso no es correcto. En nuestros cursos para niños es frecuente que, durante los ejercicios, algunos niños se bajen de la silla al suelo y que luego se vuelvan a subir, que abran los ojos para luego volverlos a cerrar, y están relajados.

Cómo tratarlo:

Muévete con naturalidad. Puedes rascarte la nariz, sujetarte las gafas si se te caen o recolocar tu postura si adviertes que no estas cómodo. Con nuestro método, puedes relajarte en el autobús e incluso en la consulta del dentista. Podemos estar relajados estando en movimiento. Las primeras veces que hagas un ejercicio de relajación no te plantees retos como “dejar la mente en blanco” o estar una hora sin moverte. Para relajarse, eso no es necesario.

“Los ruidos me distraen.”

Creemos que cuando estamos relajados, nuestra concentración debe ser tal, que no vamos a oír los sonidos del entorno. Así que cuando oímos algo, nos decimos: “Vaya, algo debo de estar haciendo mal porque lo oigo todo”… y nos peleamos con los ruidos.

Cómo tratarlo:

No intentes no oír, al contrario, incorpora los sonidos del entorno al ejercicio: “Ahora oigo un coche…ahora oigo un teléfono y ahora vuelvo al ejercicio… ¿Por dónde iba?… ¡Ah, sí!… Por la espalda”. Préstales atención, pero no mucha, y haz igual que con los anuncios de televisión, déjalos pasar. Cuando estamos relajados, escuchamos lo que ocurre a nuestro alrededor, sólo que no nos molesta.

 

UN EJERCICIO PARA RELAJAR EL CUERPO Y LA MENTE

En este mismo apartado de PROPUESTAS PARA ESTAR BIEN he grabado una relajación completa. Te invito a probarla, te sentará de maravilla. Aquí te doy un par de indicaciones para que puedas seguirla sin dificultad.

? Es mejor hacer el ejercicio sentados. Si estamos tumbados es muy probable que nos entre el sueño. Además, si nos habituamos a relajarnos en la cama o demasiado cómodos, cada vez que necesitemos relajarnos necesitaremos esa comodidad.

? Para relajar el cuerpo usando la imaginación. Cuerpo y mente están íntimamente ligados. Todo lo que pasa por nuestra cabeza afecta a nuestro cuerpo. Cuando tienes una pesadilla, lo que ocurre es que una serie de imágenes mentales aparecen en tu cabeza: … ¡Te persigue un toro! Te despiertas sudando, con taquicardia y alborotado. Sí, la imagen parecía tan real que el cerebro la da por válida y te despiertas con estrés. Vamos a aplicar este mismo principio para relajar el cuerpo: cuando pensamos con imágenes y éstas son muy vívidas, el cerebro las da por ciertas y el cuerpo se pone en acción. Ponemos nuestra atención en cada grupo muscular importante, empezando por la cabeza hasta que lleguemos a los pies. No hace falta que sepamos anatomía. Cuando ponemos nuestra atención en una parte del cuerpo, nuestro cerebro sabe perfectamente qué órganos y qué músculos hay ahí. Cuando el ejercicio indica:

“Lleva tu atención a la cabeza, al cuero cabelludo, afloja los músculos del cuello y deja que tu cabeza se relaje”

simplemente prestamos atención a esa zona de nuestro cuerpo y ponemos en nuestra cabeza una imagen que sugiera relajación; por ejemplo, imagina que te están dando un masaje en esa zona. Para que tu cerebro lo dé por cierto, tienes que implicar todos los sentidos que puedas. Imagina, y casi siente, la presión de los dedos que te masajean… Que te ponen una crema y huele a melocotón y esta fría…. Juega con la imaginación y “métete en la historia” y date un masaje con la imaginación; a tu cuerpo y a tu mente le gustará.