¿Qué hago con el miedo?

nov 19, 2013 by     6 Comentario    Categorías: Blog

¿Qué puedo hacer con el miedo?

Miedo a que no nos quieran, miedo a la enfermedad, miedo al dolor, miedo a ser rechazados, miedo a no pertenecer, miedo a que se mueran mis seres queridos o yo misma, miedo a la pobreza, miedo a la crisis, miedo a perder el trabajo o a no encontrarlo, miedo a fracasar, miedo a equivocarnos o miedo al miedo… Y frente a eso, todo un despliegue de actividad. Esta es la respuesta que suele venir desde fuera: “Busca”, “Muévete”, “Hay que aumentar la productividad”. Se trata de no parar, aumentar el trabajo, aumentar la productividad ¿De qué? ¿De coches? ¿Y si ahora no hacen falta? ¿De operaciones de cataratas?… ¿Y si hago tantas al día que empiezo a cometer pequeños fallos por el estrés? ¿Abro la tienda a las cuatro de la madrugada y la cierro a las doce de la noche?… ¿Y si no entra nadie a comprar? ¿Hacia dónde voy?

Ante este “correr por correr” ya contestó magistralmente nuestro humorista José Mota al decir: “Si hay que ir se va, pero ir ‘pa na´ es tontería”. Encontramos una respuesta parecida, menos graciosa aunque más elegante en la sabiduría oriental: “Está el noble arte de hacer las cosas y está el noble arte de dejar de hacerlas”

En esta línea como primera medida para afrontar el miedo, sugiero retomar una muy vieja propuesta: acostumbrarnos a poner un poco más nuestra atención en el SER y un poco menos en el HACER.

Voy a tratar de definir un poco lo que yo entiendo por “poner nuestra atención en el Ser”:

- Aceptarnos. Especialmente aceptar nuestros miedos. Permitir que todas nuestras emociones se den sin intentar cambiarlas o inhibirlas. Permitirnos el sentirlas. “Vivirlas”. “Dejarlas estar”.

- Dejar de juzgarlo todo y estar siempre en “modo pelea”. (Es agotador).

- Retomar la conexión con lo espiritual que hay en nosotros y confiar.

- Relajarnos. Entregarnos. Fluir.

Y quizás así, nuestro “HACER” sea más sosegado y más certero.

(¡Uf! ¡Que filosófico, no se si voy a saber!)

Claro que sabemos. Además entiendo que debe ser algo sencillo. Veamos por dónde comenzar.

La práctica: “Cuando no grabas nada nuevo en un archivo, se cierra por sí mismo”*

Imaginemos un archivo dentro de nosotros en el que están guardadas millones de experiencias de todo lo que ya hemos vivido: olores, sabores, emociones, máximas, ideas, sensaciones, y que, como en todos los archivos, las experiencias están agrupadas por temas. Algunos temas o títulos de estos archivos pueden ser: “Soy un desastre”, “Nunca estoy a la altura”, “La vida es muy difícil”, “La vida es un valle de lágrimas”, “La playa es fantástica”, “Los hombres las prefieren delgadas” etc, etc, etc.

ARCHIVOSCuando en el vivir diario nos ocurre algo, sin darnos cuenta, buscamos y abrimos un archivo donde haya información similar a esto que esta ocurriendo. Por ejemplo, si en mis últimas entrevistas de trabajo, no me fue muy bien, al acudir a una nueva, es lógico que sienta miedo a fracasar. Ese miedo abrirá el archivo correspondiente, seguramente el de “Nunca estoy a la altura”.

Una vez abierto ese archivo, si intento modificarlo, no mirarlo, destruirlo, no aceptarlo o distraerme, coge fuerza. Por el contrario, si no hago nada, si solo respiro y lo observo, sin más, se cierra el solo, sencillamente no se actualiza y es sustituido por cualquier otro estímulo.

Sugerencias para no poner energía en un archivo que no nos interese:

- Lleva tu atención a la respiración, al aire que entra por tu nariz y al que sale por tu nariz o por tu boca. En cualquier situación en la que algo te desasosiegue, sin intentar modificar nada, sin tener que retirarte a ningún sitio especial, simplemente, respira y observa tu respiración. Trata de tomar el aire por la nariz.

- Lleva tu atención al cuerpo; observa lo que percibes y observa lo que sientes y la emoción, no lo cuestiones, no lo juzgues, no lo bloquees.

- Lleva tu atención a tus pensamientos. Obsérvalos “sin meter nada en el archivo”. No los juzgues, no trates de modificarlos.

- Acepta lo que has observado.

- Vuelve a tu respiración. Insiste en llevar tu atención a la respiración.

¿Y qué resuelvo con esto?

El parar en medio de nuestra ajetreada vida, en medio de nuestras preocupaciones y poner conciencia en mi respiración y en mí mismo, al cien por cien, sin pretender hacer nada con ello, nos proporciona varios beneficios:chica-pensando-sin-hacer-nada

1.- Favorece que cambiemos de estado de ánimo.

Cada uno de nuestros estados (asustados, tranquilos, alegres, tristes, etc.) va acompañado de un tipo de respiración. Cuando observamos nuestra respiración, sin intentar cambiarla, curiosamente ella sola se modifica y suele volverse más profunda, como cuando estamos relajados. Sólo observando la respiración, sin querer nos relajamos y esto lo podemos hacer en cualquier momento.

2.- Es una buena técnica para tomar decisiones.

Si nuestra mente y nuestras emociones están muy activadas no es fácil aclararse. Cuando vengan los pensamientos sobre qué hacer, respira y observa tu respiración. Vuelve una y otra vez a tu respiración, sin prisa.

Tomate unas horas o el resto del día para aclararte. Sigue con tus actividades y cada vez que te venga el tema a la cabeza, pon la atención a la respiración. Si hay alguna sensación en el cuerpo, obsérvala también, sin juzgarla ni tratar de modificarla.

Eso favorece que te apartes del pensamiento circular, que tu mente vaya hacia la quietud y ahí, desde ese espacio que se abre, espera; pronto surgirá una respuesta nueva, una sensación clara se abrirá paso en medio de la calma. Surgirá desde tu centro.

3.- Nos ayuda a cambiar nuestras respuestas automáticas.

Generalmente somos bastante previsibles. Por ejemplo, me piden que haga algo y si tengo “el rol de complaciente”, aunque no me apetezca digo que sí. Es una respuesta casi automática. Rollo May dice “La libertad es la capacidad para hacer una pausa entre el estímulo y la repuesta”.

Si adquirimos la costumbre de llevar nuestra atención a la respiración, siguiendo con el ejemplo, ante una petición puedo decir: “dame un minuto, que tengo que ver si puedo”. A continuación llevo mi atención a mi respiración durante 15, 20 o 30 segundos y desde esa pausa, contesto. Al principio, seguramente seguiré diciendo “sí”, pero en breve, con la toma de consciencia que supone el parar esos segundos, comenzará a aparecer, primero tímidamente y al final con más frecuencia el “lo siento, no me viene bien”.

4.- Concentrarnos en la respiración y observarnos sin intervenir, favorece la conexión con nuestra dimensión espiritual, con esa fuente misteriosa de la que venimos, con esa belleza que observamos en un pájaro volando, o en cualquier puesta de sol y que intuimos que también esta en nuestro interior.

Desde esta serenidad, aceptamos lo que hay, aceptamos lo que pueda venir y dejamos de luchar. Por unos momentos, dejamos de protegernos, dejamos de defendernos y, entonces, a veces, advierto que estoy en sintonía con algo más grande que yo.

– ¿Así de simple?

– Sí.

A partir de ahí sabes que hay un sitio a donde puedes retirarte, estés donde estés. Ese es el “secreto a voces”: la paz está en el interior.

¿Qué hago con el miedo?

La respuesta es… respíralo, y luego sigue tu camino, como si no pasara nada.

Carmen B

Recuerda, las ranas cantan y llueve

 

* En el apartado QUÉ PRACTICAR/PROPUESTAS PARA ESTAR BIEN añado bibliografía a esta entrada. Pero permitidme una pequeña observación, nada puede sustituir a la práctica; la respiración es vida, adquirir el hábito de hacer un alto en el camino, aunque sea 15 segundos cada vez y observarla nos facilita decir “sí” a esta vida, en paz.

6 Comentarios + Añadir comentario

  • Hola Carmen, hola a tod@s. Me ha gustado tu propuesta y además coincido contigo en que llevar a cabo esa estrategia es una solución para muchas de las historias que tenemos metidas en la cabeza y en el cuerpo, así como nos explicas vamos permitiendo que esos archivos dejen de tener vigencia y en cambio nos va siendo más y más fácil, con la práctica, sentirnos en paz.

    Saludos
    Rosa M.

  • Hola Carmen!

    Muy bueno el artículo!
    Como siempre aportas gran información y de gran valor para la vida diaria!
    Gracias!

    Un abrazo!

    Adriana Lee

  • gracias, es asì’.

  • Carmen, estoy contigo en lo de la respiración y en no juzgar, solo observar las sensaciones y pensamientos. Tengo en mi mesita de noche el libro de Eckart Toller,
    “El poder del ahora” Coincide con tu artículo plenamente. Poco a poco voy descu-
    briendo el Ser interior inalterable y armónico a medida que voy silenciando el ruido
    de mi mente. Es curioso sentirse observador de uno mismo y sentir como se diluyen
    los pensamientos y los miedos. Gracias

    Un abrazo.

  • ¿Sabes una cosa? Me encanta cómo acabas: “el secreto a voces…” Sí, definitivamente ES un secreto a voces. Lo que una se pregunta a veces es ¿¿por qué en ocasiones es tan fácil olvidarse de este fabuloso secreto?? Entre otras cosas, porque pocas veces lo vemos tan claro. Gracias por dar la mayor cantidad de información en el menor número de palabras posible… gracias por ayudarnos a recordar que es así de sencillo.

  • Te admiro Carmen. Siempre innovando en tu quehacer. Coincido contigo en la importancia de la respiración no solo como estrategia de aceptación emocional que es una de sus mejores virtudes.
    Me apetece completar tu escrito con un ejercicio de meditación de 1 minuto extraido de un pequeño libro de Vicent Alujas. Es así:
    - Tres respiraciones profundas con los ojos abiertos. (comíenzalas expulsando el aire).
    - Cierra los ojos y coloca la lengua en el paladar.
    - Y durante el resto del minuto, centras tu atención en cómo entra y sale el aire por las fosas nasales y el recorrido por tu cuerpo, haciendo ya una respiración calmada.

    Un abrazo desde León.

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